Sin ningún género de dudas, este letón (1936-1992) es uno de los ajedrecistas campeones del mundo más talentosos de toda la historia. Su estilo estratégico mezclaba agresividad con un planteamiento puramente ofensivo igualado por muy pocos. Llegando a sacrificar la reina, una torre y dos alfiles en una misma partida, podía proclamarse campeón en cualquier torneo oficial porque juegaba como una auténtica máquina, esto es, sabía cómo matar al rey y le daba igual cuantas piezas pudiera sacrificar hasta llegar al jaque mate de su contrincante.

Era una lástima cuando tenía que retirarse -o sencillamente no poder participar- en numerosos torneos por culpa de su quebradiza salud, porque nos hubiese dado partidas imborrables como las que en su tiempo dieron los también campeones del mundo: Wilhem Steinitz, Emanuel Lasker, Jose Raul Capablanca, Bobby Fisher, Boris Spassky, Ruy López de Segura (clérigo español al que se le debe la salida conocida como "española") o, incluso, el mismo Garry Kasparov.

Este ajedrecista se enfrento imnumerables ocasiones contra un jovencísimo Bobby Fisher -venciéndolo soberanamente- y también contra el todopoderoso (en sus días) Mijaíl Botvinnik, al que arrebató el cetro de campeón del mundo en 1960. Finalmente solo fue campeón mundial durante ese único año ya que al siguiente perdió contra el mismo en una disputada final. Pero esto no resta nada a una carrera brillante de este ilustre desconocido del ajedrez.